Blogia
OperaPrima

Suceso acaecido durante la toma de Granada

 

Durante el renacimiento se produjo un hecho singular: la invención por parte de un miembro de la familia Pajeiro de un tipo de queso que ha sobrevivido hasta nuestros días: El queso de Mellide. Este “comestible”, duro como un infierno, ha acompañado a la familia desde el siglo XIV. Lo cierto es que en todo echo singular, en el cual algún pajeiro haya metido las narices, ha habido un jodido queso de Mellide de por medio. El cómo inventó este queso, es hoy por hoy, desconocido, no obstante, debió estar muy pasado de Orujo. El caso es que este derivado lacteo fue adoptado como santo y seña familiar a nivel gastronómico.

Durante el siglo XV, hordas de pajeiros participaron en la reconquista, (del lado moruno naturalmente), llegando a alcanzar grandes cimas en lo que a traición y comportamiento bajuno se refiere. Recogen las crónicas  familiares, que un tal Ataulfo de Pajeiro, ruin como ninguno, participó en un complot contra el mismísimo rey Fernando el católico.  Contaré lo que las crónicas recogen. Hallabase el católico monarca, a las puertas de Granada conocedor ya de la victoria que se avecinaba. Rodeando a Fernando una nutrida cohorte de sinverguenzas de tomo y lomo: obispos, condes, marqueses y en general tipos de mala catadura. Don. Ataulfo, (se había convertido en conde a base de cepillarse una a una a todas las damas de compañía de la reina Isabel), era uno de los presentes en torno al monarca. Días antes de la toma de Granada, traidor como era, se deslizo amparado por la noche bajo los muros de la ciudad hasta la Alhambra, y en el patio de los leones, confabuló contra Fernando. Una daga le dieron los moros. Una daga envenenada con el peor de los ungüentos. Un veneno, obtenido de la descomposición de la cagarruta de un esclavo enfermo de una extraña enfermedad de origen africano, que causaba la muerte en cuatro dias, empezando por abajo. Es decir, atacaba en primer lugar en los reales cojones, los cuales mutaban de color, tamaño, forma y textura, para peor, para posteriormente extenderse al resto del organismo. La muerte era inenarrable, a base de cagaleras escalofriantes, ataques de tos perruna, y para mas jodienda, te crecia bello hasta en la retina. Pues bien hay tenemos a Don Ataulfo Pajeiro conde de Mellide conspirando durante la cena. Fernando habla de la inminente victoria y de la necesidad de convertir a esos moracos a base de parrilla. El ovispo de tuy manifiesta estar completamente de acuerdo, con lo de la parrilla, lo de la victoria se lo deja a los hombres de armas que poseeen mayor discernimiento en lo que a cosas terrenas se refiere. Don Ataulfo, no ve el momento, de atizarle puñalada trapera y salir corriendo hacia el caballo que tiene preparado en la puerta y de alli a galope tendido “pa” Granada. Los condes eructan al tanto que los varones sueltan pedos, mientras pinchan pedazos de carne de vacuno, que un pariente de Don Ataulfo de Pajeiro ha traido de tierras gallegas. (contrato con el cocinero del monarca).

Marcelo saca daga y disimuladamente dirige mano hacia trozo cercano a alteza real, pero he aquí que capta sospechosa mirada en conde de al lado. Frena mano y espera ....Solemnemente el rey anuncia que se esta cagando y que ahora vuelve . Sale de la real tienda, y al tanto un maldito lacayo lo acompaña. Marcelo hace ademan de cagarse tambien, cosa que de echo esta haciendo en los pantalones, y anuncia su inminete salida. El conde de Rajamoros, viendo, y lo que es peor oliendo, le indica con un sonoro eructo que salga demonios de una puñetera vez a soltarla. Don marcelo sale a la noche envuelto en un aroma de traicion y mierda, y silencioso se pertrecha en una sombra a la entrada de la tienda real. Muerto de miedo espera agazapado mientras escucha el crepitar de la gravilla bajo los pies del monarca. Todavia no lo distingue en la oscuridad y se lleva la mano a la daga traidora. Ya llega. Oye su voz.

  • No es verdad querido romualdo que aquí huele a perros muertos, parece como si alguien se lo hubiera echo encima despues de atiborrarse de chicharrones...

  • Es cierto majestad, debe de tratarse de alguna bestia salvaje, tenga cuidado que yo me adelantare.

  • Estas fueron las ultimas palabra de Don Romualdo, antes de que la mano traidora del pajeiro de turno le descargara un mandoble en mitad de la frente, cosa mala. Romualdo cayo fulminado, lo malo fue que se llevo la daga hincada en el craneo consigo. A decir verdad, no se la pudieron quitar sin quitarle con ello la cabeza , asi que tuvo que ser enterrado por partes y con el arma mortifera apuntando al cielo. El rey que ante aquella visión tan sangrienta opto por dejar escapar todo el rioja que habia consumido piernas abajo. Cuando recobro un poco el control de su real persona trato de correr hacia el interior de la tienda en busca de auxilio, con tan mala fortuna, que tropezo con una de las guitas que tensaban el artefacto y cayo de morros frente a la puerta. Don Marcelo desarmado como estaba, debio de emprender la huida, pero aquí que actuo de nuevo la tendencia maligna de los pajeiro. Viendo a la presa en el suelo, hurgo en sus bolsillo en busca de un arma , fuera esta de la naturaleza que fuera, y sabe dios que la hallo, la mitad de un esplendido queso de Mellide duro como el que más. Ni corto ni perezoso se lanzo sobre Fernando queso en ristre, y le atizo. Dios si le atizo. Le atizo de lleno. El queso ni se inmuto, pero la mano de Marcelo y la cabeza de Fernando si que lo hicierón. Y de que manera.

Ante los gritos del monarca y la peste a mierda, y a lo que antes fue vino de rioja y una condenada pestilencia que asemejaba remotamente poseer algun oscuro parentesco con el queso. Condes y marqueses salieron por patas al exterior. Lo que alli hallaron era inenarrable. Un Rey, un conde, un lacayo con un piercing en la frente y un queso, pero todo ello revuelto y en constante lucha. Pelotas como eran, sin preguntar quien tenia la razón de su parte se lanzaron sobre Don Marcelo al que despedazarón en cuestión de segundos. En cuanto al rey, una vez de pie, meado, cagado y molido a quesazos, no se mostro excesivamente comunicativo. Manifesto su deseo de que se acabase ese maldito dia de una vez por todas y se largo a sus aposentos sin mas palabras.

  • Al dia siguiente el monarca y su chichon reunieron en consejo real a todos y cada uno de los testigos de los lamentables hechos de la noche pasada. Y solemnemente anunciarón que a aquel que cometiere la imprudencia de comentar algo a alguien sobre reyes y quesos , le haria comerse sus propias pelotas. Es por esto que nada hay escrito sobre este intento de regicidio a quesazos, pero a alguien debio escaparsele despues de ingerir grandes cantidades de vinazo y en consecuencia la tradicion oral no lo ha olvidado.

1 comentario

yuya -

muy bueno